viernes, 1 de septiembre de 2017

Punto de encuentro

Nos encontramos en mitad de la vida, en mitad de una frase, en mitad de una noche que no sé si era estrellada.

Cuánta ilusión en tus ojos al mirarme en aquellos días. Qué bonitos los defectos cuando todo comienza.

Qué diferentes tus ojos al mirarme ahora, con una luz tan opaca, tan desilusionada.

Qué diferentes mis labios al pensarte ahora, dibujándose con trazos de pesadumbre y amargura.

viernes, 18 de agosto de 2017

Eternidad

Es extraño. Para mí todo está quieto, inmóvil. Pero todo sigue: la canción de la radio sigue sonando, los pájaros siguen cantando. Todo sigue sin mí.

Ya no tienen significado el ruido, el paso de los días... como si me hubiera quedado en medio del tiempo.

Ya no podré querer más. Hasta mis sentimientos se han congelado.

viernes, 16 de junio de 2017

En voz tan baja

Entre susurros nos decimos mil cosas: "ya no te quiero", "quiero que te vayas", "desaparece de mi vida", etc.

Todo es tranquilo y civilizado. No sé si te da todo igual o si te duele. Con la voz tan baja no me es posible notar el tono que empleas.

Además, es muy frío. Preparas una bolsa con ropa interior, me dices "hasta luego" como si nada. Para mí es el fin del mundo, pero te volveré a ver ─ sobre todo porque aún tienes todas tus cosas aquí ─ . Pero tu despedida es tan normal. Como si nada hubiera pasado.

Oh dios mío, ¿qué es lo que he hecho?

Lo he mandado todo a la mierda.

domingo, 11 de junio de 2017

Muestras de amor

Se van deteriorando nuestras cosas poco a poco.

Primero dejamos de frecuentar nuestro lugar favorito. Acabó desapareciendo.

Luego son los regalos, que se hacen pedazos lentamente. Sin darme cuenta, también pasa el tiempo para ellos.

También pasa el tiempo para nuestros corazones, para nuestras heridas. Pero no sé cuánto tiempo ha pasado. ¿Cuándo fue el último te quiero? ¿Nos dijimos adiós? No recuerdo si nos dimos la espalda al despedirnos, o si nos miramos hasta perdernos de vista. ¿Me fui yo o te fuiste tú?

¿Quién de los dos fue el primero que partió?

lunes, 29 de mayo de 2017

Las cosas que salieron mal

Vuelvo a aquél lugar después de mucho tiempo. Todo sigue igual: un puñado de personas andando de un lado a otro, corriendo, alterados. Siguiendo con sus vidas. Nada ha cambiado, pero para mí es distinto: todo tiene un color a nostalgia, a gastado. Un color de pasado, de antiguas caras risueñas y felicidad.

¿Por qué he vuelto? Quiero seguir con mi vida. No quiero volver a esa felicidad, sino crear una nueva. Estoy en proceso, soy feliz. Pero la maldita y testaruda nostalgia me persigue por todos los rincones que pisé con él.

No volvería. Rotundamente no. Pero fue mi primer amor, mi primer beso... mi primer todo. Y eso no se va de la cabeza tan fácilmente, ¿no?

Pues a él se le ha olvidado.

Su hogar, un recuerdo tan familiar y tan lejano. Su olor. Sus costumbres. Esas pequeñas manías. No volvería a ello, pero duele que las cosas cambien tanto.

Duele que te olviden. Que ya no le importe. Que no le interese saber qué pasó con ella...

Pero más tarde, decido armarme de valor  ir al sitio que tanto nos gustaba. Es posible que esté allí con alguien, pero aún así quiero ir. Él no estaba allí. De hecho, ni siquiera estaba el lugar. Me envuelve una sensación de tristeza: como si nuestro amor hubiera creado ese lugar donde nos refugiábamos y, al irse el amor, desaparece el refugio. Tendré que buscar un nuevo lugar.

jueves, 25 de mayo de 2017

Lecciones de antaño

Hijo, escúchame bien. Si alguna vez sientes la necesidad de matar, no te preocupes. Es normal. Sería raro que no tuvieras ganas después de lo cabrones que han sido contigo, mi amor. Tranquilo.
Y si alguna vez sientes unas ganas de morir tremendas, también es normal. Yo estoy aquí arriba, observándote siempre, y sé que la vida es muy dura. La vida que yo viví también lo fue. También sufrí.

Así que no te sientas culpable, cariño. Aunque mami te cuida, sé que te sientes muy solo. Me tienes presente, pero no puedes oír mi voz ni sentir mis caricias de apoyo. También sé que no asimilas lo ocurrido. No te das cuenta de que yo ya he vivido mi vida y tú tienes que hacer la tuya, ser feliz, crear tu camino, hasta que termine. De eso se trata. 

No te castigues por tus malos pensamientos, así como no te castigas por los buenos. Eso es lo que nos hace humanos y, lamentablemente, mortales. No tengas miedo de venir hacia mí, pero tampoco tengas miedo de permanecer en el mundo.

Vive, hijo. Vive. Y si llega el momento definitivo en el que quieres marcharte, vete. Sé valiente para quedarte. Sé valiente para irte. Estaré aquí, esperándote.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ella

Ella tan sólo se planta delante de la gente y les ejecuta. La culpan de todo. Todos sienten odio hacia ella, incluso ella misma siente asco hacia sí misma.  No le comprenden. ¿Qué puede hacer? Para colmo, ella es inmortal. Lo es para cumplir su cometido: llevarse almas del mundo. Una maldición con la que le castigaron hace ya demasiados años como para alcanzar a recordarlo. 

Ni se acuerda de su antiguo nombre. Hace mucho tiempo que nadie la nombra.

Los humanos creen que ella es vil, malévola. Que les quiere hacer sufrir. Nada más lejos de la realidad: ella es quien más sufre. Nada desearía más que perecer como lo hacen los mortales. Así de fácil. Desaparecer y dejar atrás esta condena infernal.

jueves, 30 de marzo de 2017

Recuerdos

Te he perdido. Ahora sí, para siempre.
Ni la muerte te había arrancado de mí.
Pero algo incluso más fuerte ha podido contigo.

Ahora sí que te he perdido.
Te he olvidado. Y jamás volverás a mí.

sábado, 25 de marzo de 2017

Nuestra vida

La vida no es más que un vaivén tras otro Nos balanceamos siempre entre la alegría y la tristeza. Como si de un matrimonio se tratase, ¡tenemos que aguantar! O morir. También podemos decidir morir. Es la otra opción.

Pero si decidimos quedarnos, si tomamos ese camino, no paramos de luchar hasta morir. No se trata de blandir una espada contra el destino ni contra la gente. Ni siquiera contra nosotros mismos. Se trata de practicar cada día un poquito más con nuestra magia, esa magia que todos y cada uno de nosotros albergamos en nuestro interior, para poder completar nuestra misión: nuestra vida.

martes, 14 de marzo de 2017

El monstruo de mi habitación

Un día decidió marcharse. Se había resistido mucho, pero al final se rindió. Me siguió desde que era pequeña. Se adentraba en mi mente y de ahí no salía con facilidad. Necesitaba mucha calma y concentración para sacarle de ahí.

Lloré mares enteros por él. Sabía que me había elegido a mí, pero no sabía por qué me torturaba con su oscura presencia.

Al principio sólo venía y se sentaba a mi lado. Se limitaba a escuchar mi calmada respiración mientras soñaba, sin perturbarme lo más mínimo. Yo notaba su presencia, pero no me atemorizaba.

Conforme crecía, fue metiéndose en esos sueños de los que antes era un mero observador, y se dedicaba con ahínco a destruirlos y tornarlos terroríficos para mí. Me despertaba siempre sobresaltada, con los ojos vidriosos, pero nunca estaba allí para consolarme de su propio ataque. Parecía que velaba por mí pero, a su vez, quería maltratarme.

Pero llegó un día que mis sueños le dieron una lección. Con los años me volví una soñadora, llena de esperanza y de luz. Quise apartar el miedo de mí y, una noche, mientras dormía, le oí entrar. Me desperté, pero seguía soñando. Eso le despistó. Se acercó a mí y me puso una mano en la cabeza. "Así es como entra en mis sueños", pensé. Una vez entró, me puse a hablar con él. Le dije que ya no le tenía miedo, que su trabajo había terminado conmigo. Me había dado una lección: nunca más dudaría de mí, siempre sería valiente.

Al principio se quedó inmóvil mirándome. Luego, al rato, su semblante cambió a un rostro amigable y me acarició el rostro: pequeña, ya he acabado contigo.

Y lo vi alejarse en mi sueño.

Me incorporé deprisa para verlo, pero sólo atisbé su halo de luz abandonando mi habitación. Se había marchado. Su trabajo había concluido.

jueves, 9 de marzo de 2017

Agravio

¿Esto es amor o es la guerra? ¿Es la salud o la enfermedad? ¿Bueno o malo? Te cojo con miedo la mano, porque sé que tienes un humor que cambia en menos de treinta segundos. Eso es lo que me da miedo de ti: esos cambios tan bruscos.

Con lo que a mí me gusta la tranquilidad, sentarte al sol en la terraza, cerrar los ojos y que la brisa suave te mueva  el pelo. Cogerte la mano, entonces, y sonreír en silencio. Pero todo eso se acaba, y no sé por qué. ¿Qué he hecho mal?

Me aprietas la mano, cada vez con más fuerza, te digo que pares, que me haces daño. No paras. Te levantas bruscamente y tiras de mí, arrastrándome hacia la habitación. Te apetece en este momento y no hay nadie que pueda evitar que ocurra. Me tiras a la cama, y haces lo que te place. Haces conmigo lo que te da la gana.

No puedo quejarme. Tengo tu amor, en la salud y en la enfermedad. Y, como no hay amor sin guerra, me quedo en la trinchera, esperando a que dispares  y luego, con arrepentimiento, me vendes la herida. Pero con una gasa no se cura un agujero, ni una cicatriz. Ni el llanto que brota de mí a cada cambio. No arreglas nada con un "perdón". ¿O sí? Por lo visto me toca callar.

lunes, 6 de marzo de 2017

Versos de olvido

Tanto le amé
que me olvidé de amarme
y de mí me olvidé.

Y desaparecí por obviarme
y también desapareció mi amor por él.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Dejar de sufrir

Se miró al espejo y no se reconocía. ¿Quién era esa mujer de labios gruesos, maquillada y con la piel de porcelana que había ante ella? No se reconocía. Era como ver a otra persona que imitaba sus movimientos, su respiración e incluso su mirada de decepción.

Debía acabar con aquello de una vez. Cogió el cuchillo y lo puso a la altura de su cabeza, para que también se reflejase. Escuchó un golpe a lo lejos que la sobresaltó: su dueño acababa de llegar a casa. Debía terminar cuanto antes su cometido. Cogió impulso con la mano y se clavó el cuchillo en el corazón.

martes, 28 de febrero de 2017

El infierno

La lluvia moja mi cara, me da un aspecto de abandono que no quiero ni imaginar. La oscuridad de la ciudad se cierne sobre mí. Estoy en un lugar donde ni las farolas, ni las luces de los hogares me alumbran. Estoy solo. Pero en toda esta inmensidad que me rodea, en todos los rincones oscuros y lúgubres que observo, puedo ver una belleza deslumbrante. Una belleza que nunca jamás había visto. O tal vez sí, pero nunca la había percibido de esta manera.

Hace días que vago por este lugar y comienzo a reconocer sus calles: algunas con regueros de sangre reciente, algunos con borrachos sedientos, putas ofreciéndose... pero otras con un silencio desolador y reconfortante. Un silencio que, a la par que me da vida, me llena de furia, me hace ver lo solo que me encuentro y que estoy atrapado en este inhóspito lugar.

¿Alguna vez os habéis sentido atrapados? ¿Como si fuerais pequeñísimos y os encerrasen en un vaso de cristal? Pues así me siento yo en estas calles, en medio de esta gente estúpida y maloliente. Pero, por otro lado, me siento en paz, porque luché por mi supervivencia cuando estuve en vida y, aunque no logré escapar de las garras de la muerte, hice todo lo que pude. Y ahora tengo lo que me merezco: la eternidad en un infierno en el que me siento en paz pero me atormenta.

Y, ¿sabéis qué? En el otro lado, en el lado de la luz, me di cuenta de una gran verdad: el amor no te salva de nada. No te salva de la vida, y tampoco te salva de la muerte. Si en vida fuiste un desalmado, aunque te sacrifiques por amor, todo lo que hiciste se volverá en tu contra, y acabarás aquí, en tu propio infierno creado por tu subconsciente. Hacia el sufrimiento eterno.

viernes, 3 de febrero de 2017

Día 27

No hace falta que me digas "ven", porque yo por ti lo dejo todo.
Y por él.
Y por cualquiera.

Por capricho, por amor, lo dejo todo: dejo mi vida, mis aficiones, mis amistades, mis momentos de soledad. Renuncio a todo... por nada.