viernes, 16 de junio de 2017

En voz tan baja

Entre susurros nos decimos mil cosas: "ya no te quiero", "quiero que te vayas", "desaparece de mi vida", etc.

Todo es tranquilo y civilizado. No sé si te da todo igual o si te duele. Con la voz tan baja no me es posible notar el tono que empleas.

Además, es muy frío. Preparas una bolsa con ropa interior, me dices "hasta luego" como si nada. Para mí es el fin del mundo, pero te volveré a ver ─ sobre todo porque aún tienes todas tus cosas aquí ─ . Pero tu despedida es tan normal. Como si nada hubiera pasado.

Oh dios mío, ¿qué es lo que he hecho?

Lo he mandado todo a la mierda.

domingo, 11 de junio de 2017

Muestras de amor

Se van deteriorando nuestras cosas poco a poco.

Primero dejamos de frecuentar nuestro lugar favorito. Acabó desapareciendo.

Luego son los regalos, que se hacen pedazos lentamente. Sin darme cuenta, también pasa el tiempo para ellos.

También pasa el tiempo para nuestros corazones, para nuestras heridas. Pero no sé cuánto tiempo ha pasado. ¿Cuándo fue el último te quiero? ¿Nos dijimos adiós? No recuerdo si nos dimos la espalda al despedirnos, o si nos miramos hasta perdernos de vista. ¿Me fui yo o te fuiste tú?

¿Quién de los dos fue el primero que partió?

lunes, 29 de mayo de 2017

Las cosas que salieron mal

Vuelvo a aquél lugar después de mucho tiempo. Todo sigue igual: un puñado de personas andando de un lado a otro, corriendo, alterados. Siguiendo con sus vidas. Nada ha cambiado, pero para mí es distinto: todo tiene un color a nostalgia, a gastado. Un color de pasado, de antiguas caras risueñas y felicidad.

¿Por qué he vuelto? Quiero seguir con mi vida. No quiero volver a esa felicidad, sino crear una nueva. Estoy en proceso, soy feliz. Pero la maldita y testaruda nostalgia me persigue por todos los rincones que pisé con él.

No volvería. Rotundamente no. Pero fue mi primer amor, mi primer beso... mi primer todo. Y eso no se va de la cabeza tan fácilmente, ¿no?

Pues a él se le ha olvidado.

Su hogar, un recuerdo tan familiar y tan lejano. Su olor. Sus costumbres. Esas pequeñas manías. No volvería a ello, pero duele que las cosas cambien tanto.

Duele que te olviden. Que ya no le importe. Que no le interese saber qué pasó con ella...

Pero más tarde, decido armarme de valor  ir al sitio que tanto nos gustaba. Es posible que esté allí con alguien, pero aún así quiero ir. Él no estaba allí. De hecho, ni siquiera estaba el lugar. Me envuelve una sensación de tristeza: como si nuestro amor hubiera creado ese lugar donde nos refugiábamos y, al irse el amor, desaparece el refugio. Tendré que buscar un nuevo lugar.